¿Las pulseras de ligas son peligrosas?

Publicado en por Christelle

© MaxPPP ●

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Seguramente ya lo sabes, me encantan las pulseras de ligas. A parte de verse muy modernas y coloridas, alientan la creatividad de las niñas, grandes y pequeñas, su gusto por las manualidades, y es un fabuloso pasatiempo sin ser excesivamente costoso.

Sin embargo, no me quedó otra, hace un par de días, que acercarme a la habitación de mis hijas y pedirles que me entreguen sus ligas y las pulseras ya hechas para guardarlas hasta nuevo aviso, luego de leer un artículo acerca de los peligros de los ftalatos contenidos en algunos adornos para pulseras.

¿Pensarás que me he vuelto paranoica? Pues, es muy probable, pero con relación a la salud de mis hijos, prefiero exagerar que lamentar.

En efecto, salieron estos días los resultados de un análisis toxicológico, realizado en Inglaterra y publicado por el Daily Mail, luego de la reciente polémica sobre la posibilidad de que estas ligas sean cancerígenas.

Dicho estudio analizó la composición de dieciséis marcas falsificadas de “charms”, objetos de goma de diferentes formas, que se cuelgan de las pulseras de ligas (las marcas oficiales, como Rainbow Loom, son controladas por los organismos sanitarios y no contienen niveles de materiales tóxicos fuera de norma).

Varias de estas marcas de imitación contenían un nivel de ftalatos, químicos potencialmente tóxicos (ver el recuadro abajo), superior al permitido*, incluso hasta en un 50% del peso total del objeto en el caso de dos de estas marcas.

Los ftalatos son particularmente peligrosos en niños cuya piel, más delgada y fina, es más permeable a los materiales tóxicos. Y por supuesto, el contacto con la boca es peor, ya que la mayoría de las contaminaciones con moléculas tóxicas se llevan a cabo en el sistema digestivo.

Los organismos sanitarios europeos están alertando a la población acerca de los peligros de dichas imitaciones, tanto de los charms como de las ligas, y de los juguetes falsificados, y les recomiendan comprar sólo marcas reconocidas y controladas.

De hecho, mis hijas no utilizaron hasta ahora los famosos “charms”. No, simplemente pasan todo el día (creo que hasta los recreos, para la mayor) haciendo pulseras y más pulseras para sus amigas, para la familia, para ellas – no sabes la colección que tienen, desde pulseras simples, hasta “escamas de dragón”, “diamantes”, e incluso bolsitos y muñecas hechos con las famosas ligas.

Pero resulta que en nuestro país, no existe ningún control sanitario con relación a juguetes, y la marca original de ligas no llega aún aquí. Así que puedo suponer que todas y cada una de sus ligas contienen ftalatos.

Y así como trato de “controlar” que el contacto de mis hijos con ftalatos y otros materiales tóxicos cancerígenos sea el menor posible, tarea casi imposible, lo sé (no olvides leer el recuadro :-)), voy a esperar que lleguen las ligas originales sin (¿muchos?) ftalatos y les voy a incitar que busquen una actividad no tóxica mientras tanto… ¿Jardinería? No, cuidado con los pesticidas. ¿Mirar tele? No, muchos iones positivos peligrosos. ¿Dibujar? Mmmm, no, capaz que los marcadores y el papel contengan químicos. ¿Hacer deporte? Podría ser. Ay, no, hace poco leí que la ropa deportiva tenía tóxicos… Ok. Quédense en su cuarto y no toquen nada.

Paranoica, ¿yo? :-D

¡Hasta pronto!

Christelle

(*) La dosis tolerada es de 0,1% del peso total del objeto, en caso de juguetes y materiales para niños.

¿Qué son los ftalatos?

Los ftalatos o ésteres de ácido ftálico son un grupo de compuestos químicos derivados del ácido ftálico, empleados principalmente para incrementar la flexibilidad de los plásticos (en particular el PVC).

La exposición a los ftalatos es casi inevitable, ya que numerosos objetos cotidianos los contienen, en mayor o menor grado; sin embargo, su uso y comercialización, en especial en juguetes y materiales para niños y bebés, y en cosméticos, están siendo prohibidos o por lo menos regulados en varios países occidentales (en especial en la Unión Europea), pero no es el caso de la mayoría de los demás países, en especial asiáticos, por el bajo costo de los productos fabricados con ftalatos.

Se usan con mucha frecuencia en esmaltes de uñas, cosméticos, champús, pinturas, cortinas de baño, vinilo, ropa para lluvia, mangueras, cueros sintéticos, zapatos y botas, pañales y en juguetes, films plásticos para cubrir los alimentos, incluso en material médico y medicamentos, entre otros. De hecho, muchos de los juguetes de niños fabricados o importados en países sin regulación sobre ftalatos llegan a contener entre 20% a 50% de dichos químicos.

La Agencia de Protección al Medioambiente de Estados Unidos (EPA) ha determinado que es muy probable que los ftalatos sean cancerígenos para el ser humano, además de alterar su sistema reproductivo, en particular en niños varones, como esterilidad, atrofia testicular, mortalidad fetal y malformaciones (fuente: Scientific American). Estas determinaciones fueron basadas en el hallazgo de cáncer del hígado en ratas y en ratones.

Existen 4 tipos de exposición a los ftalatos: la inhalación de cosméticos y desodorizantes ambientales que los contengan, así como de pegamentos; la ingestión de los ftalatos, por ejemplo a través del contacto de materiales plásticos (film plástico, plásticos y otros) con los alimentos ricos en grasas como la carne, embutidos y quesos; la liberación de ftalatos por vía intravenosa (a través de sondas o sueros) , más peligrosa en bebés o mujeres embarazadas; la migración de ftalatos presentes en los cosméticos, por contacto cutáneo directo. Finalmente, se piensa que los ftalatos pueden ser transmitidos al bebé a través de la leche materna.

La toxicidad de los ftalatos depende de varios factores, en particular de la masa corporal, de la edad, de la duración de la exposición, del tipo de plástico y de la naturaleza del ftalato. De esta manera, los juguetes fabricados con ftalatos llegan a contaminar el cuerpo de forma gradual, según el tiempo de exposición a estos químicos, a través de las mucosas y del contacto de los niños con la piel.

Actualmente, las industrias buscan maneras de reemplazar el DEHP (el más peligroso de los ftalatos) por otros de más alto peso molecular, por ende menos peligrosos para la salud humana y el medioambiente.

© C. Blanco ●

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Etiquetado en Salud y bienestar

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